dilluns, 4 de març del 2019

El cuentista - "Saki"


Bienvenido, lector, a la Biblioteca de Lymus.

Te propongo un  juego. 

De vez en cuando  encontrarás en el apartado "Cuentos" un cuento corto; un clásico de la literatura universal.

En los comentarios podrás escribir qué te ha parecido su lectura, podrás añadir información complementaria o aquello que consideres que aporta valor al cuento. El objetivo es básicamente el de enriquecernos como lectores. 
Y si quieres recibir las publicaciones no olvides suscribirte.
NOTA: La biblioteca de Lymus es un espacio bilingüe y de respeto. Cada uno es libre de dar su opinión siempre y cuando no ofenda a otros.



El cuentista escrito por el británico Héctor Hugh Munro bajo el seudónimo de “Saki”, es una narración publicada en The Story-teller (los contadores de historias). Es un relato que promueve la reflexión en torno a la función de literatura y la imaginación.

NOTA 3/5





El cuentista
Hegtor Hug Munro ----- «Saki »
(1870 -1916)


Era una tarde calurosa y el vagón del tren también estaba caliente; la siguiente parada, Templecombe, estaba casi a una hora de distancia. Los ocupantes del vagón eran una niña pequeña, otra niña aún más pequeña y un niño también pequeño. Una tía, que pertenecía a los niños, ocupaba un asiento de la esquina; el otro asiento de la esquina, del lado opuesto, estaba ocupado por un hombre soltero que era un extraño ante aquella fiesta, pero las niñas pequeñas y el niño pequeño ocupaban, enfáticamente, el compartimiento. Tanto la tía como los niños conversaban de manera limitada pero persistente, recordando las atenciones de una mosca que se niega a ser rechazada. La mayoría de los comentarios de la tía empezaban por «No», y casi todos los de los niños por «¿Por qué?». El hombre soltero no decía nada en voz alta.
-No, Cyril, no -exclamó la tía cuando el niño empezó a golpear los cojines del asiento, provocando una nube de polvo con cada golpe-. Ven a mirar por la ventanilla -añadió.
El niño se desplazó hacia la ventilla con desgana.
-¿Por qué sacan a esas ovejas fuera de ese campo? -preguntó.
-Supongo que las llevan a otro campo en el que hay más hierba -respondió la tía débilmente.
-Pero en ese campo hay montones de hierba -protestó el niño-; no hay otra cosa que no sea hierba. Tía, en ese campo hay montones de hierba.
-Quizá la hierba de otro campo es mejor -sugirió la tía neciamente.
-¿Por qué es mejor? -fue la inevitable y rápida pregunta.
-¡Oh, mira esas vacas! -exclamó la tía.
Casi todos los campos por los que pasaba la línea de tren tenían vacas o toros, pero ella lo dijo como si estuviera llamando la atención ante una novedad.
-¿Por qué es mejor la hierba del otro campo? -persistió Cyril.
El ceño fruncido del soltero se iba acentuando hasta estar ceñudo. La tía decidió, mentalmente, que era un hombre duro y hostil. Ella era incapaz por completo de tomar una decisión satisfactoria sobre la hierba del otro campo.
La niña más pequeña creó una forma de distracción al empezar a recitar «De camino hacia Mandalay». Sólo sabía la primera línea, pero utilizó al máximo su limitado conocimiento. Repetía la línea una y otra vez con una voz soñadora, pero decidida y muy audible; al soltero le pareció como si alguien hubiera hecho una apuesta con ella a que no era capaz de repetir la línea en voz alta dos mil veces seguidas y sin detenerse. Quienquiera que fuera que hubiera hecho la apuesta, probablemente la perdería.
-Acérquense aquí y escuchen mi historia -dijo la tía cuando el soltero la había mirado dos veces a ella y una al timbre de alarma.
Los niños se desplazaron apáticamente hacia el final del compartimiento donde estaba la tía. Evidentemente, su reputación como contadora de historias no ocupaba una alta posición, según la estimación de los niños.
Con voz baja y confidencial, interrumpida a intervalos frecuentes por preguntas malhumoradas y en voz alta de los oyentes, comenzó una historia poco animada y con una deplorable carencia de interés sobre una niña que era buena, que se hacía amiga de todos a causa de su bondad y que, al final, fue salvada de un toro enloquecido por numerosos rescatadores que admiraban su carácter moral.
-¿No la habrían salvado si no hubiera sido buena? -preguntó la mayor de las niñas.
Esa era exactamente la pregunta que había querido hacer el soltero.
-Bueno, sí -admitió la tía sin convicción-. Pero no creo que la hubieran socorrido muy deprisa si ella no les hubiera gustado mucho.
-Es la historia más tonta que he oído nunca -dijo la mayor de las niñas con una inmensa convicción.
-Después de la segunda parte no he escuchado, era demasiado tonta -dijo Cyril.
La niña más pequeña no hizo ningún comentario, pero hacía rato que había vuelto a comenzar a murmurar la repetición de su verso favorito.
-No parece que tenga éxito como contadora de historias -dijo de repente el soltero desde su esquina.
La tía se ofendió como defensa instantánea ante aquel ataque inesperado.
-Es muy difícil contar historias que los niños puedan entender y apreciar -dijo fríamente.
-No estoy de acuerdo con usted -dijo el soltero.
-Quizá le gustaría a usted explicarles una historia -contestó la tía.
-Cuéntenos un cuento -pidió la mayor de las niñas.
-Érase una vez -comenzó el soltero- una niña pequeña llamada Berta que era extremadamente buena.
El interés suscitado en los niños momentáneamente comenzó a vacilar en seguida; todas las historias se parecían terriblemente, no importaba quién las explicara.
-Hacía todo lo que le mandaban, siempre decía la verdad, mantenía la ropa limpia, comía budín de leche como si fuera tarta de mermelada, aprendía sus lecciones perfectamente y tenía buenos modales.
-¿Era bonita? -preguntó la mayor de las niñas.
-No tanto como cualquiera de ustedes -respondió el soltero-, pero era terriblemente buena.
Se produjo una ola de reacción en favor de la historia; la palabra terrible unida a bondad fue una novedad que la favorecía. Parecía introducir un círculo de verdad que faltaba en los cuentos sobre la vida infantil que narraba la tía.
-Era tan buena -continuó el soltero- que ganó varias medallas por su bondad, que siempre llevaba puestas en su vestido. Tenía una medalla por obediencia, otra por puntualidad y una tercera por buen comportamiento. Eran medallas grandes de metal y chocaban las unas con las otras cuando caminaba. Ningún otro niño de la ciudad en la que vivía tenía esas tres medallas, así que todos sabían que debía de ser una niña extraordinariamente buena.
-Terriblemente buena -citó Cyril.
-Todos hablaban de su bondad y el príncipe de aquel país se enteró de aquello y dijo que, ya que era tan buena, debería tener permiso para pasear, una vez a la semana, por su parque, que estaba justo afuera de la ciudad. Era un parque muy bonito y nunca se había permitido la entrada a niños, por eso fue un gran honor para Berta tener permiso para poder entrar.
-¿Había alguna oveja en el parque? -preguntó Cyril.
-No -dijo el soltero-, no había ovejas.
-¿Por qué no había ovejas? -llegó la inevitable pregunta que surgió de la respuesta anterior.
La tía se permitió una sonrisa que casi podría haber sido descrita como una mueca.
-En el parque no había ovejas -dijo el soltero- porque, una vez, la madre del príncipe tuvo un sueño en el que su hijo era asesinado tanto por una oveja como por un reloj de pared que le caía encima. Por esa razón, el príncipe no tenía ovejas en el parque ni relojes de pared en su palacio.
La tía contuvo un grito de admiración.
-¿El príncipe fue asesinado por una oveja o por un reloj? -preguntó Cyril.
-Todavía está vivo, así que no podemos decir si el sueño se hará realidad -dijo el soltero despreocupadamente-. De todos modos, aunque no había ovejas en el parque, sí había muchos cerditos corriendo por todas partes.
-¿De qué color eran?
-Negros con la cara blanca, blancos con manchas negras, totalmente negros, grises con manchas blancas y algunos eran totalmente blancos.
El contador de historias se detuvo para que los niños crearan en su imaginación una idea completa de los tesoros del parque; después prosiguió:
-Berta sintió mucho que no hubiera flores en el parque. Había prometido a sus tías, con lágrimas en los ojos, que no arrancaría ninguna de las flores del príncipe y tenía intención de mantener su promesa por lo que, naturalmente, se sintió tonta al ver que no había flores para coger.
-¿Por qué no había flores?
-Porque los cerdos se las habían comido todas -contestó el soltero rápidamente-. Los jardineros le habían dicho al príncipe que no podía tener cerdos y flores, así que decidió tener cerdos y no tener flores.
Hubo un murmullo de aprobación por la excelente decisión del príncipe; mucha gente habría decidido lo contrario.
-En el parque había muchas otras cosas deliciosas. Había estanques con peces dorados, azules y verdes, y árboles con hermosos loros que decían cosas inteligentes sin previo aviso, y colibríes que cantaban todas las melodías populares del día. Berta caminó arriba y abajo, disfrutando inmensamente, y pensó: «Si no fuera tan extraordinariamente buena no me habrían permitido venir a este maravilloso parque y disfrutar de todo lo que hay en él para ver», y sus tres medallas chocaban unas contra las otras al caminar y la ayudaban a recordar lo buenísima que era realmente. Justo en aquel momento, iba merodeando por allí un enorme lobo para ver si podía atrapar algún cerdito gordo para su cena.
-¿De qué color era? -preguntaron los niños, con un inmediato aumento de interés.
-Era completamente del color del barro, con una lengua negra y unos ojos de un gris pálido que brillaban con inexplicable ferocidad. Lo primero que vio en el parque fue a Berta; su delantal estaba tan inmaculadamente blanco y limpio que podía ser visto desde una gran distancia. Berta vio al lobo, vio que se dirigía hacia ella y empezó a desear que nunca le hubieran permitido entrar en el parque. Corrió todo lo que pudo y el lobo la siguió dando enormes saltos y brincos. Ella consiguió llegar a unos matorrales de mirto y se escondió en uno de los arbustos más espesos. El lobo se acercó olfateando entre las ramas, su negra lengua le colgaba de la boca y sus ojos gris pálido brillaban de rabia. Berta estaba terriblemente asustada y pensó: «Si no hubiera sido tan extraordinariamente buena ahora estaría segura en la ciudad». Sin embargo, el olor del mirto era tan fuerte que el lobo no pudo olfatear dónde estaba escondida Berta, y los arbustos eran tan espesos que podría haber estado buscándola entre ellos durante mucho rato, sin verla, así que pensó que era mejor salir de allí y cazar un cerdito. Berta temblaba tanto al tener al lobo merodeando y olfateando tan cerca de ella que la medalla de obediencia chocaba contra las de buena conducta y puntualidad. El lobo acababa de irse cuando oyó el sonido que producían las medallas y se detuvo para escuchar; volvieron a sonar en un arbusto que estaba cerca de él. Se lanzó dentro de él, con los ojos gris pálido brillando de ferocidad y triunfo, sacó a Berta de allí y la devoró hasta el último bocado. Todo lo que quedó de ella fueron sus zapatos, algunos pedazos de ropa y las tres medallas de la bondad.
-¿Mató a alguno de los cerditos?
-No, todos escaparon.
-La historia empezó mal -dijo la más pequeña de las niñas-, pero ha tenido un final bonito.
-Es la historia más bonita que he escuchado nunca -dijo la mayor de las niñas, muy decidida.
-Es la única historia bonita que he oído nunca -dijo Cyril.
La tía expresó su desacuerdo.
-¡Una historia de lo menos apropiada para explicar a niños pequeños! Ha socavado el efecto de años de cuidadosa enseñanza.
-De todos modos -dijo el soltero cogiendo sus pertenencias y dispuesto a abandonar el tren-, los he mantenido tranquilos durante diez minutos, mucho más de lo que usted pudo.
«¡Infeliz! -se dijo mientras bajaba al andén de la estación de Templecombe-. ¡Durante los próximos seis meses esos niños la asaltarán en público pidiéndole una historia impropia!»
FIN



dimarts, 26 de febrer del 2019

El càtar imperfecte - Víctor Almela





Fot: igor vicens

Títol: El Càtar imperfecte

Autor: Víctor Almela

Editorial: B.EDITORIAL
 
Any d'edició: 2013
ISBN: 978-84-666-5316-9
 
Pàgines: 352
 
Idioma: Català





Dès votre arrivée, le martyre de Bélibaste, le dernier cathare brûlé en place publique, vous accompagne jusqu’au château*


Sobre els càtars:


Aquest llibre l'he llegit principalment atret per la seva temàtica.
—“D'aquí a 700 anys el llorer reverdirà”— es diu que va exclamar el 1321 i abans de morir en la foguera Guillem Belibasta; l’últim perfecte càtar. 

El llorer simbolitzava l’amor dels càtars i si fem números, 700 anys des de la data que van executar en Belibasta, ens plantem al 2021, d'aquí a dos anys, data en la qual segons la profecia de Belibasta ha de reverdir el llorer.

Vol dir que tornarà el catarisme?  

No. Encara que sí que és veritat que, en l'última dècada, hi ha hagut un ressorgiment, si bé no del catarisme, sí de l’interés per aquell, en últim terme; corrent filosòfic.

Personalment vaig començar a interessar-me en aquella gent l’any 2012. De llavors he recorregut l’anomenat, per qüestions turístiques que no venen al cas, País Càtar de dalt a baix. (Els càtars no tenien bens terrenals, és per això que no van deixar escrits ni simbologia. Si no tenien béns, molt menys tindrien un país). He visitat les viles els castells i les abadies, he seguit els passos de càtars, faidits i del genocida Simó de Montfort, (el noble vingut del Nord en resposta a la crida del Papa Innocenci XIII per tal de passar per les armes tota Occitània). I sí, haig de reconéixer que cada vegada estic més fascinat per aquella dissortada gent i com jo, cada vegada hi ha més gent estudiant a aquells homes i dones que predicaven el Bé. Coneixent el seu terrible final i donant un cop d’ull al nostre voltant em costa convéncer-me que el bé, la veritat i l’amor puguen triomfar entre els humans.

Com seria el món en cas d’haver triomfat l’heretgia càtara?

Quan has llegit una mica sobre la cultura occitana dels Segles XII i XIII, i t’has trobat davant una societat rica, avançada i tolerant, que equiparava els drets dels homes i les dones, que apostava per la cultura, pel respecte per l’amor i el respecte a totes les criatures de sang calenta en contrapunt amb la barbàrie i brutícia d’esperit d’altres coetanis, en especial els catòlics de Roma i els barons del Nord, no pots més que plantejar-te com seria el món que coneixem si l’Església catòlica i el Rei de França no hagueren passat a sang i foc tota Occitània.

Com era  societat occitana als Segles XII, XIII i principis del  XIV?

La croada, encapçalada pel genocida francés Montfort i les seues hosts de truans i assassins (primera croada de cristians contra cristians), va utilitzar com excusa de l’heretgia càtara que s’havia desenvolupat amb èxit en aquelles terres amables del nord dels Pirineus com a excusa per saquejar viles i castells i fer-se amb el botí del ric Sud. Va ser una carnisseria doncs els Bons Homes, com s’autoanomenaven els càtars, practicaven la no-violència i per tant oferien poca resistència.

És curiós com, en aquella època feudal on la vida humana no valia res i on els senyors estaven sempre bregant els uns amb els altres, va poder aparéixer al Sud de França una cultura de trobadors i nobles de cultura refinada i amb idioma propi i  a més a més, al seu si, emparats per eixos comtes i comtesses del Midi, uns homes espirituals que desafiaren a Roma amb el seu exemple i la seua Fe. Aquells homes i dones eren els càtars, anomenats entre ells “Bons Homes”, “Purs”, "Cristians Vertaders" i ràpidament es van filtrar en tots els estrats de la societat occitana.

Aquella gent, en contrapunt amb l'ostentació catòlica i les homilies en llatí (idioma que molt sovint no coneixien ni els mateixos clergues), predicava l’austeritat, mai no mentia, parlava d’igualtat entre homes i dones en llengua vulgar.

Què era el catarisme?

El catarisme va ser un corrent de pensament provinent d’orient; dels Bogomils i ben aviat va arrelar al nord d’Itàlia i en alguns punts d’Alemanya però va ser a Occitània on aquell cristianisme primitiu i maniqueu (creia en la lluita del bé contra el mal) va prendre força.

 L’aspecte, a parer meu, més interessant i que es diferenciava de l’Església Romana era que aquells bons homes creien en la reencarnació. Creien que la vida, que el món tal com el coneixem; amb totes les misèries, penes i dolors, no podia ser mai obra d’un ésser misericordiós. Aquells homes atribuïen a Satanàs la creació del món tal com el coneixem. Deien que en nàixer el diable posava l’ànima d’un home dins d’un cos, i que aquest embolcall de carn era per a ell com una àmfora de fang per a l'aigua. Deien que tots teníem el poder de purificar-nos, practicant el bé, la veritat i l’amor i sols d’aquesta manera ens apropàvem a la divinitat. Els càtars creien que era reencarnant-nos en altres persones o éssers vius la manera com podíem perfeccionar-nos i per això no mataven, ni mentien, ni menjaven carn.

Impressions sobre El càtar imperfecte:

El llibre de Víctor Almela ens apropa a aquella gent de la mà del seu últim perfecte. Un perfecte era el màxim representant de l’Església dels Bons Homes. Aquest home va ser Guillem Belibasta. La història és real i conta com aquest home, pastor d’ofici, va haver de matar per a protegir als seus de la Inquisició. Una Inquisició que si bé no era tan activa com vuitanta anys abans — quan el 16 de març de 1244 van acabar amb el setge de Montsegur i van veure com més de dos-centes heretges es llençaren pel seu propi peu a les flames d’una pira alçada al peu del castell— seguia perseguint als càtars i el foc de les fogueres purificadores continuava il·luminant el cel del sud de França.
Un cop comés el crim va haver de fugir, perseguit per l’Inquisidor Fournier (futur Papa Benet XII) i fent-se dir Pere Pentiner. El seu camí el va dur a creuar els Pirineus i establir-se a Morella, al Maestrat. Ciutat acabada de fortificar. Allà, en una de les seues plaçetes  juntament amb altres càtars refugiats, van establir una xicoteta i pròspera comunitat de fidels que, ocults, seguien practicant els seus rituals, a pesar de l’amenaça constant de l’Església catòlica, convençuts de la seua Fe.

La novel·la ens ofereix una visió d’aquella gent perseguida i del patiment que suposava l’amenaça de ser denunciats pels veïns o més encara, per membres renegats de la seua pròpia comunitat però sobretot ens mostra, com diu el títol, un Perfecte imperfecte, una persona respectada per tots però del qual el lector coneix les seues misèries humanes, les seues tribulacions..., els seus “pecats”.
Està documentat que després de la desfeta del catarisme Guillem Belibasta, darrer Perfecte del Llenguadoc aconseguí fugir de la presó de Carcassona vivint com a teixidor i pastor a Morella. El 1318 fou enganyat i denunciat a Tírvia i posteriorment cremat a la foguera a Vila roja Termenès el 1321. 
El càtar imperfecte és doncs la història d’una traïció i de com, amb aquest últim Perfecte, l’heretgia va acabar. Sí. El catarisme va acabar amb Belibasta. Com em va dir Fabrice, guia local del castell de Montsegur: «desconfieu d’aquells que es fan anomenar càtars que aquests neocàtars doncs el que pretenen en realitat, és escurar-vos les butxaques»

L’obra, particularment i per ser un tema que m’apassiona, l’he trobat fantàstica. Potser en algun punt una mica lenta però es compensa perfectament pel seu valor com a testimoni, veraç, rigorós i ben documentat.

Em sorgeix, abans d’acabar aquesta ressenya, el dubte de si cal haver estudiat el catarisme per a gaudir de la lectura o per contra és massa tècnica:
Realment crec que la novel·la se sosté per si mateixa, oferint la suficient informació sobre l’heretgia per tal que un neòfit conega de què tractava. No utilitza un llenguatge complicat ni es perd en el miler de dades sobre el tema que hi ha. És, en concret, la història d’aquest home.
Una novel·la francament interessant per a qualsevol que vulga apropar-se als càtars i sobretot del seu final.

L'autor:
Víctor M. Amela va néixer a Barcelona el 1960. És periodista i va començar treballant a La Vanguardia a la secció d’espectacles per després dedicar-se a la secció de televisió. Signa critiques i entrevistes I cocreador de la secció La Contra I fa classes de periodisme. És autor de quinze llibres i amb l’últim publicat,”La filla del capità Groc” va guanyar el Premi Ramon Llull.

*Inscripció a Villerouge les Térmenes, vila en la qual trobem imatges del martiri del Guillem de Belibasta que us condueixen fins al castell, lloc on va ser executat.

 

Qui és Lymus

¿Quién soy?

 Napoleón es un cuento. Según como se mi re , un cuento pue de ser la vida de cualquier ser humano. Solo hay q ue  querer con tarla . ...