dimecres, 15 de març del 2017

La Ciudad - Luis Zueco



La Ciudad

Aquella mañana de Navidad hacía frío en la casa de piedra. Los regalos, envueltos en papeles de alegres colores, esperaban amontonados delante de la chimenea. Un débil hilo de humo ascendía de entre las cenizas y daba testimonio de que ésta había sido usada la noche anterior.
De entre todos aquellos regalos traídos por Papá Noel destacaban dos libros voluminosos de tapas atractivas y contundentes: El Castillo y La Ciudad, ambos de Luis Zueco.

La lectura de El Castillo me trasportó a la Edad Media y inauguró la “Era Zueco” que iba a continuar con la lectura de La Ciudad que hoy reseño y culminará con la próxima novela del mismo autor, que se encuentra en proceso y espero con impaciencia.

Quien me conoce, y Papá Noel es uno de ellos, sabe que soy un apasionado de la Edad Media.  Esos mil años de oscuridad, a los que hacen referencia las crónicas de aquellos que bautizaron al Renacimiento como el renacer de la humanidad y de algún modo justificar, sobre todo en las artes plásticas, su gusto nostálgico por  “lo clásico”; entendiendo como clásico los cánones de belleza griega y romana.
¡A menudo he oído hablar del la Edad Media como si la humanidad hubiese estado dormida! La realidad es bien distinta

Los grandes avances tecnológicos, políticos, filosóficos y científicos que sustituyen el teocentrismo medieval por el antropocentrismo desde el que parte el Renacimiento, no hubieran sido posibles sin ella. Por ejemplo, las grandes catedrales góticas que se alzaron hacia el cielo en aquella época fueron obra de hombres y mujeres que, durante siglos, trabajaron y adquirieron conocimientos en su construcción. Podemos entonces imaginar a los hijos de aquellas gentes, admirando aquellas grandes obras; sus vidrieras, sus espacios infinitos y diciéndose:

— Si mi padre y el padre de mi padre contibuyeron a construir esta maravilla, malviviendo en una choza de madera, sufirendo penalidades y con una dudosa ayuda divina ¿qué no seríamos capaces de hacer nosotros? 

O los monasterios, guardianes de la sabiduría. Verdaderas bibliotecas desde dónde, a menudo de espaldas a la Iglesia, se sembraron las semillas de lo que sería la Edad Moderna.

A nuestros ojos, urbanitas del S XXI y herederos de ese Renacimiento, nos parece inconcebible y difícilmente digerible una sociedad estática organizada en estamentos inamovibles; señores, religiosos, campesinos y gremios herméticos de artesanos; todo ello dominado por creencias  impuestas por la religión y los ritos paganos. Era lo que había. No fue ni la mejor ni la peor manera que encontraron los hombres de aquellos tiempos de organizarse. Eso sí, fue muy distinta y a mi modo de ver fue fascinante.  Si disponéis de diez minutos, este vídeo os puede dar una rápida visión de esa época:  




Bien, me voy del objetivo, y es que ¡quisiera saber tantas cosas!

Para arrojar luz sobre aquellos años mal llamados oscuros existe Luis Zueco (@luiszueco)  y su novela La Ciudad.


Nº de páginas: 512 págs.
 
Encuadernación: Tapa dura
 
Editorial: S.A. EDICIONES B
 
Lengua: CASTELLANO
 
ISBN: 9788466660112













Sobre el autor:
Luis Zueco es novelista, historiador, investigador y fotógrafo. En la actualidad es director del Castillo de Grisel, fortaleza medieval convertida en hotel con encanto. Además, es ingeniero industrial, licenciado en Historia y máster en Investigación Artística e Histórica, miembro de la Asociación Española de Amigos de los Castillos, vicepresidente de la Asociación Española de Amigos de los Castillos y colaborador, como experto en patrimonio y cultura, en diversos medios de comunicación. Su novela El escalón 33 recibió la Mención de Honor en el Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza 2012, el Premio al Mejor Thriller Histórico 2012 de la web Novelas Históricas y fue seleccionada en el I Certamen de Novela Histórica Ciudad de Úbeda. También ha publicado la novela histórica Tierra sin rey y la guía Castillos de Aragón: 133 rutas.


La Novela:
La acción se sitúa en Albarracín, en 1283, un señorío independiente cercano a Teruel y rodeado de poderosos y ambiciosos reinos. Un feudo de frontera, amurallado e inconquistable, perteneciente a la poderosa familia Azagra. La aventura transcurre entre sus callejuelas y de la mano del autor conocemos como debía ser la vida intramuros en el S XIII.
Desde los primeros compases sabemos que no estamos frente a una novela común. La intriga que ocasiona unos misteriosos asesinatos y el suspense son la tónica general, lo que hace difícil despegarse de las páginas. ¿Qué pasará? ¿Quién ha sido? ¿Por qué? Preguntas todas ellas que hacen de La Ciudad un apasionante thriller histórico. 

En la primera página de la novela, me llamó la atención el homenaje que hace Zueco a Humberto Eco, autor de la conocidísima novela El Nombre de la Rosa  fallecido mientras éste escribía esta obra. Por su intriga y acertada ambientación, La Ciudad se convierte, como aquella, en un referente sobre literatura histórica medieval y una obra, a mi entender, imprescindible.
Además, La Ciudad adquiere para mí una dimensión especial al descubrir a uno de sus protagonistas, Alodia, sobre la que girarán los acontecimientos:
En primer lugar es de agradecer a Luis Zueco el que, en una sociedad como la medieval donde la mujer era maltratada y relegada al papel de ser inferior, la ponga como protagonista, con todo el peso de la historia sobre ella. De la mano del autor viví sus terribles aventuras, sufriendo las injustícias con ella y al seguir leyendo el desarrollo de los acontecimientos exclamé:

— ¡Bien hecho! ¡Gracias Luis Zueco!

En segundo lugar, me sentí identificado con ella por la anisocoria (pupilas de distinto tamaño que hace parecer con un ojo más oscuro que el otro) causada por un suceso traumático. Sucesos oftalmológicos parecidos a los sufridos por David Bowie; al que hace referencia Zueco en la Nota del autor y por el que, en un guiño a su vida privada, sabemos de su gusto musical.

También encontré muy interesante el tratamiento que hace de la magia; no como brujería ni fenómenos sobrenaturales, sino como un hecho que ha convivido desde tiempos inmemoriales con el hombre a pesar de las prohibiciones y persecuciones. La magia forma parte de la búsqueda de lo desconocido, de la protección, de la sanación y han recurrido a ella hombres y mujeres de toda clase y condición.

Cuestión aparte, me gustó la mención a la herejía que en aquella época creció al Norte de los Pirineos. Siguiendo los pasos de herejes refugiados en el Maestrazgo, provincia de Castellón la lectura lleva, a aquellos que nos gusta la historia occitana, a pensar en Guillem de Belibaste, el último perfecto cátaro que escapó de la Inquisición y estuvo escondido en dicha región castellonense. Aunque la vida de éste fue posterior a cuando trascurre la obra, la mención a dicha herejía da una idea del miedo que sentía la Iglesia de Roma hacia la naciente religión de los “bons homes” y le sirve al autor para dotar de un pasado a otro de los protagonistas.

Para cuando llegas al desenlace de la novela, a parte de su emocionante final, estás tan metido en la historia que consigues comprender esa época. Esa es la grandeza de Luis Zueco: su extensa cultura y facilidad para relatar aquellos tiempos  se desarrollan magistralmente en La Ciudad y si en su primera novela encontré algún pasaje lento, en La Ciudad he destilado una a una todas las páginas, saboreándola, a veces devorándola, hasta hacerla merecedora de una segunda lectura.

Finalmente creo interesante remarcar que no es necesario ser un entendido medievalista para abordarla, no es ningún tratado sobre el Medievo ni usa complejas expresiones; es suficiente con amar la buena lectura. Eso sí, para disfrutar de La Ciudad recomiendo buscar un rincón lejos del mundanal ruido, apagar el móvil para quedarnos lejos de la tecnología que nos invade y así poder adentrarnos en las callejuelas de aquél Albarracín medieval.

Por todo ello recomiendo su lectura mientras la coloco en el estante de esta biblioteca virtual, al lado de El Castillo mientras espero la siguiente que completará la trilogía.

dissabte, 18 de febrer del 2017

La Biblia de neón - John Kennedy Toole






 Título: La Biblia de neón.

Autor: John Kennedy Toole.

Editorial: Anagrama S.A.

Primera edición: «Panorama de narrativas» octubre 1989.
Undécima edición: «Compactos» septiembre 2016.

Traducción: Jordi Fibla,1989.

Ilustración: Ángel Jové.

ISBN: 978-84-339-6656-8.




 John Kennedy Toole nació en Nueva Orleans en 1937 y murió en 1969. La publicación póstuma de La Conjura de los necios le consagró como uno de los mejores novelistas norteamericanos de todos los tiempos.


Hoy traigo a La Biblioteca de Lymus esta pequeña novela. La primera de las dos que escribió. No deja de ser extraño que de un escritor con tanto talento solamente hayan quedado dos textos; dos novelas. Además ambas fueron escritas a muy temprana edad. Sea como fuere era obligado que ocupase su sitio en el estante, al lado de su hermana cronológicamente más joven y mucho más grande y conocida.



No me alargaré aquí en la extraordinaria aventura gracias a la cual hoy conocemos a John, que si bien en la introducción de La Biblia de neón, W.Kenneth Holditch hace un relato exhaustivo de dicha historia, la misma ya fue escrita en este blog cuando reseñé La Conjura de los necios. Así que si queréis saber de ella os invito a conocerla (aquí).


Respecto a la Biblia de Neón, se escribió cuando el autor contaba con tan solo quince años. Es importante este punto pues a esa edad John ya dominaba el arte de las letras con un estilo que muchos escritores, proto-escritores y pseudo-escritores —sobretodo estos últimos— no alcanzamos. A una lucidez exquisita se le une la soltura de una prosa a través de la cual ya se entrevé al genio que pocos años después, cuando tendría unos veinte, iría a escribir La Conjura de los necios.


La Biblia de neón  es una historia satírica e irónica y por su escasa extensión; de rápida lectura. En ella no encontraremos una aventura trepidante, ni una obra con personajes entrañables. La novela es una narración amarga cuyo tono es polvoriento y decadente como el ambiente miserable en el que está ambientada. Escrita en primera persona, muestra pinceladas de la ironía y acidez que John desarrollaría profusamente en su segunda novela. 


La historia narra la infancia y adolescencia de David, un joven que vive en un pueblo remoto de la América profunda en el que una Biblia de Neón ilumina el cielo por las noches, y durante el día el fanatismo religioso y la malevolencia de los vecinos hacen estragos. Al perder el padre de David su trabajo se convierten en parias dentro de la pequeña comunidad.


Pero es el final de la novela aquello que personalmente me ha sorprendido. En parte me ha ayudado a entender el carácter del autor pero, sobre todo, me ha dado otra visión de la siguiente obra del mismo: La Conjura de los Necios.
Mientras acababa el libro se me aparecía a modo de pequeños destellos en la conciencia la posibilidad de que hubiese otro final para la segunda obra de John. Se que es muy osado decirlo pero creo que La Conjura podría haber acabado de otro modo. De hecho, siempre me resultó extraño como termina aquella novela; me parece un desenlace precipitado sin embargo, al leer La Biblia de neón, he encontrado piezas de puzle que encajarían perfectamente con un final alternativo para aquella. 

Para no desvelar ninguna de las dos novelas no puedo decir en qué pienso exactamente solo me queda invitaros a leer los libros descubrirlo.

Y finalmente me queda por hacer una reflexión:

¿Hubiese la Biblia de neón tenido la misma fama de no existir La Conjura de los Necios? Posiblemente, no. De hecho me ha resultado imposible escribir sobre la obra sin mencionar a su hermana e incluso, si os fijáis en la portada del libro, el nombre del autor destaca sobre el de la obra. 
A pesar de ello y por lo mencionado anteriormente su lectura es muy interesante, especialmente para quienes encontramos en La Conjura de los Necios un encaje perfecto con ribetes, pompones y tramas extraordinarias.



Sin más que leer de John K. Toole, pues su madre ya rebuscó en todos los recuerdos de su hijo por si hubiera más textos, llevo esta pequeña joya roja a su lugar en la estantería de esta biblioteca virtual. Lo dejo con la sospecha que os mencionaba al principio; a mi modo de ver debió de existir más obra escrita, pero el final tortuoso del autor así como la visión del mundo que transmiten sus textos me ofecen pistas que, de haberlas, estas letras hayan sido eliminadas por la mano que las escribió. Las imagino elevándose al cielo convertidas en humo en un final muy del estilo de John Kennedy Toole.

dissabte, 11 de febrer del 2017

El quadern de les vides perdudes - Silvestre Vilaplana





Títol: El quadern de les vides perdudes.

Autor: Silvestre Vilaplana

Editorial Bromera

1ª edició: febrer 2012

ISBN:978-84-9824-897-5

Pàgines: 190

Idioma: Valencià






L'autor:

Silvestre Vilaplana (Alcoi, 1969) conrea, amb una habilitat extraordinària, la narrativa, tant per a adults com per a joves, i la poesia. És autor, entre altres, de les novel·les L'estany del foc, Premi Blai Bellver, i Les cendres del cavaller, biografía novel·lada de Joanot Martorell per la qual va ser distingit amb el Premi Ciutat d'Alzira i amb del de la Crítica Serra d'Or. Ha publicat també amb molt d'èxit obres per al públic jove, com ara Els dimonis de Pandora, La frontera negra i Resurrecció. Amb El quadern de les vides perdudes, ha estat guardonat amb el Premi Alfons el Magnànim 2011.



El quadern de les vides perdudes, impressions:

Fa temps que hi pense. Tem perdre la memòria. Tinc un bagul de records. Alguns són preciosos, d'altres esfereïdors però tots ells únics i exclusius. Són així, perquè són meus. Aquests records els atresore amb estima, com vosaltres atresoreu els vostres. Tots en tenim de records, i condicionen la nostra manera de viure perquè d'alguna manera estem fets d'ells. Perquè, què som nosaltres sinó el conjunt de tots aquests moments que tenim a la memòria? Eixa memòria sovint tan selectiva.. Fins i tot, de vegades, entre nosaltres tenim records diferents de les mateixes vivències i això és així perquè els records augmenten o disminueixen exponencialment en un ball capriciós orquestrat per l'experiència i els gustos de cadascú. El nostre pas pel món no serà recordat de la mateixa manera per uns que per altres. La memòria, d'acord amb les vivències els hi donarà un valor o un altre. Ens recordaran o ens oblidaran. Així de complex i així senzill...


De vegades em sorprenc amb records d'un temps molt llunyà. Tenen la nitidesa de l'atmosfera un dia solejat d'hivern; tan transparents i cristal·lins que em causen vertigen. D'altres vegades em sorprenc no recordant el que vaig sopar ahir. M'esforce. Però no hi ha mans!  La memòria és capritxosa... Tothom alguna vegada ha viscut xicotets desconcerts semblants. Per exemple: quan no recordem on vam aparcar el cotxe el dia anterior, o quan anem fins a un punt de la casa i de sobte no recordem el que hi hem anat a fer allí. Són moments que ens fan sentir babaus. Eixos xicotets lapsus de memòria ens poden fer comprendre el que li passa al protagonista de "El quadern de les vides perdudes": El senyor Oliver. Afortunadament, a diferència d'ell, els nostres són xicotets oblits sense importància. En el seu cas es tracta d'una infermetat greu.

Què passaria si no tinguérem gens de memòria? Si de sobte no sabérem exactament com és la nostra casa, com es diu la vostra parella, ni que hi feu llegint aquesta ressenya?

La novel·la ens parla d'un vell bibliotecari que pateix grans buits de memòria. En el moment en què comença la narració, el senyor Oliver ja es troba en una situació molt precària; sol al món i a punt de ser desnonat de sa casa subsisteix venent els llibres que al llarg de la seua vida ha anat acumulant. 
Abans de desprendre's de cada obra, amb una tècnica que em recordà la pel·lícula Memento, el protagonista anota en un quadern passatges d'aquesta per tal de recordar-la; perquè el senyor Oliver, s'estima els llibres per damunt de tot. De la seua mà i amb la tristesa que ocasiona el fet de veure com es desun per un dels seus estimats llibres, fem un repàs als grans clàssics, compartim amb ell la nostàlgia i sentim la pèrdua. Perquè a nosaltres també ens agraden els llibres. 
La casa, desendreçada i bruta, la seua gran biblioteca i els nombrosos llibres que encara té són últim fil que el lliga al món i és l'únic espai on el vell encara troba aixopluc i sentit a la seua existència, acompanyades les últimes hores en ella per l'amistat amb una jove prostituta.
L'obra es desenvolupa al llarg d'un temps incert. El protagonista mateix no sap exactament com transcorre i Silvestre Vilaplana ens fa viure l'angoixa de les hores i dels dies d'aquest personatge de passat confús i sense futur que viu amenaçat per l'hoste...

Però,  qui és l'hoste?

Pot ser que amb el temps recorde el llibre per eixe títol: «L'Hoste» doncs l'hoste és el nom que el mateix senyor Oliver ha posat a un personatge monstruós que s'apodera d'ell en el transcurs dels seus buits mentals. El lector no coneix l'hoste més que el que ens conta el protagonista i mentrestant, fora al carrer, un assassí segresta i tortura a xiquetes d'una manera despietada. No apareixen els cossos i el protagonista, posseït per l'hoste, incapaç de recordar els seus actes, tem el pitjor... la intriga està servida.

El quadern de les vides perdudes és una novel·la psicològica que causa angoixa, pertorbadora, que colpeix i tal volta per això no es pot deixar de llegir. Silvestre Vilaplana ens endinsa en el món de les malalties mentals amb un gran encert. Escrita en primera persona del present compartim els pensaments del vell bibliotecari acabat i sense records en un joc de trames perfectament enllaçades.

L'acabament podria semblar evident, però en un gir d'última hora descobrim qui és veritablement l'hoste i amb ell ens endinsem en un final sorprenent.

Guarde doncs a la biblioteca aquest llibre, de lectura àgil i que m'ha agradat molt tenir entre les mans.

Nota  4.5/5


Qui és Lymus

¿Quién soy?

 Napoleón es un cuento. Según como se mi re , un cuento pue de ser la vida de cualquier ser humano. Solo hay q ue  querer con tarla . ...